Historia.

Llegar a Puebla, Puebla en México fue todo un viaje. En la Universidad de Salamanca nos dieron la opción de escoger la Universidad y especialidad con la que queríamos hacer intercambio y entre las múltiples opciones que nos dieron, yo me encontré con la UPAEP: Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla.

Ustedes podrían decir: ¿por qué ir a México cuándo podría haber ido a cualquier parte de Europa? La verdad es que ni yo lo sé, pero algo en mi interior resonó cuando leí la palabra Puebla. Cuando le comenté a mi familia que quería ir a Puebla, sintieron lo mismo que yo, pero con un toque burlón porque, según ellos, lo único que lograría sería convertirme en Santiago de la Puebla.

Y así fue. Es curioso cómo viajar al otro lado del mundo puede acercarte a tus raíces, al mismo tiempo que te enamoran con lugares extraños y llenos de magia.

Me presento oficialmente, mi nombre es Santiago, pero mi familia y amigos, me conocen como Santiago de la Puebla. Y estas son mis memorias del viaje que hice a Puebla.

Descubriendo lugares

Al llegar a Puebla Centro, me di cuenta que no somos tan diferentes, es una ciudad bastante colonial y con tradiciones muy arraigadas. Sus catedrales son inmensas y llenas de historia, además de que sus calles están llenas de vida y mucha alegría local.

En Puebla conocí y viví muchas cosas, pero por el momento, me gustaría invitarlos a que se dieran una vuelta por estos lugares que me parecieron interesantes, aunque no llegaron a convertirse en mis favoritos como los que describiré en la siguiente sección.

Museo Casa del Mendrugo. Este lugar cuenta con un restaurante, un café, un club de jazz y una galería de arte indígena y arte contemporáneo. Por su parte, el museo cuenta con varias colecciones: una colección prehispánica, en donde se muestra un entierro olmeca; fragmentos de cerámica y loza de uso común que los habitantes de la casa utilizaban; adicionalmente, hay una colección que corresponde a la cultura mixteco-zapoteco de Oaxaca donada por Jorge Roberto Ortíz-Dietz: consta de cráneos humanos con una deformación intencional, caracoles trompeta gigantes, dinteles de piedra caliza y jambas, entre otros. Las exposiciones me enseñaron parte de la cultura local, por lo cual se volvió un lugar importante para mí.

Callejón de los sapos Al preguntar sobre el nombre de este lugar, me dijeron que en tiempos coloniales las aguas del Río llamado San Francisco se desbordaban con frecuencia inundando el callejón. La gente utilizó la creciente del río para instalar un par de molinos. El agua estancada y las actividades en ellas atrajeron una gran cantidad de sapos, lo que dio origen al nombre de este lugar. Peculiar, ¿no? Los domingos puedes encontrar una infinidad de artículos en el tianguis del Callejón de los Sapos como antigüedades, objetos de arte y numismática. Los viernes y sábados por la noche se llena de música que se puede disfrutar en algún bar o café.

Biblioteca Palafoxiana. Fundada en 1646 con la donación de 5 mil volúmenes, realizada por el obispo Juan de Palafox y Mendoza a los Colegios tridentinos; fue la primera biblioteca pública de América. ¿Se imaginan pisar los mismos suelos que hace más de 350 años pisaron los eruditos del país? Desgraciadamente, la Biblioteca dejo de ser pública para convertirse en un museo. Sin embargo, si solicitas permiso, te dan acceso a su material. ¡Ven a descubrir la historia entre sus páginas!

Sitios inolvidables

Y bueno, a sabiendas de que me iba a quedar mucho tiempo en Puebla, tome la decisión de recorrer todos los rincones posibles de esta hermosa ciudad. Alrededor del Barrio de Santiago, donde se encuentra la UPAEP, están posicionados los mejores lugares que pude conocer en algunos fines de semana, pero algo que no podré olvidar es aquella emoción que sentí al cumplir uno de mis más grandes sueños: conocer un teatro cuyo nombre es el mismo de quien es mi escritor favorito de la literatura española del siglo de Oro: Juan Ruiz de Alarcón.

Conocí a detalle cada obra de teatro que se presentó en ese hermoso lugar; además me encontré con maravillosas personas que me enseñaron el resto de la ciudad.

Los momentos más preciados y atesorados que tengo los viví en la Estrella de Puebla, un lugar bastante encantador por su arquitectura y su inmensa altura de 80 metros. La Estrella cumplió su función para mi; logré disfrutar de las alturas y superé mi miedo a hacer actividades extremas fuera de casa, fuera de España.

Y como todo fue increíble, también conocí la Casa de la Música de Viena, porque tal parece que a los habitantes de este lugar les encanta conservar un pedacito de arte en todos sus recintos. En este lugar, abrí de nuevo mi carpeta con relación a la música y mi infancia; de hecho, por eso es que decido escribir esto “no importa que tan lejos vayas de casa, en algún momento te reencontrarás con tus raíces”. Gracias a Puebla y a las interminables coincidencias que viví, volví a enamorarme aún más de un sueño que dejé varado en mi infancia y en mi país: Ser músico.

Mis experiencias

Si mi intención fuera reconocer a Puebla como un pedacito de España, definitivamente lo haría; entre sus museos, atracciones y personas, me atrevo a decir que tienen un bello parecido. Todos sus lugares me hacen estremecer y, de hecho, les tengo por acá una de las grandes historias que atesoro en mi cabeza. Y es que no me la he podido quitar de la mente porque ahí recobré conciencia de mi pasión por las artes.

Resulta que a penas terminadas las clases un viernes, mis amigos y yo decidimos salir por la noche, pero yo no quería beber y esas cosas, digo ¿a qué extranjero le gustaría pasar sus horas de explorador en un lugar bebiendo? (qué sin duda también son buenas) pero ese no es el punto, accedí en ir a beber un poco de tequila si ellos me sorprendían con un lugar precioso. “¡TIENE QUE SER PRECIOSO!” Les dije.

Fuimos a la Casa de Música de Viena

Y ahí comenzó todo.

Antes de llegar a Puebla; en España y mi natal Santiago, yo tocaba instrumentos de niño, pero no cualquier instrumento, mi pasión era el piano, aunque lo deje porque mis padres no querían un artista. “Se te va la pinza” decían, pero no fue hasta que llegué a este lugar y dije “No me rayes, este sitio es el mejor del mundo” pues es una especie de lugar mágico que te permite interactuar con un sinfín de instrumentos musicales, pianos, arpas, etc., y tiene salas interactivas. De verdad que al ver que era una réplica a nivel mundial de Haus der Musik (museo de música y sonido) con sede en Austria ¡Flipe! Escuché a Franz Schubert y decidí retomar mi carrera.

Es por eso que, ahora les digo, hagan lo que hagan, nunca renuncien a sus sueños. Y sí se alejaron de ellos, recuerden, es muy probable que los estarán esperando al otro lado del mundo. LITERALMENTE.

Me llevo mucho de Puebla, pero sin duda me llevo mucho más de mí mismo.

¡Viva la música y la oportunidad de atravesar el océano Atlántico!